viernes, 30 de marzo de 2012

Lean una vez al año El Principito! tambien lean Desiderata!

Se escriben cosas muy bonitas y ciertas, muchas personas las leen y comentan en lo verdaderas que son, pero muy POCAS aplican lo que han leido.... Eso me entristese mucho! Lean una vez al año El Principito! tambien lean Desiderata! y traten de practicar una cosa de lo que entendieron, con una persona o situacion, en ese mismo año! Les aseguro que la vida de todos mejoraria...

Camina plácidamente entre el ruido y las prisas,
y recuerda que la paz puede encontrarse en el silencio.
Mantén buenas relaciones con todos en tanto te sea posible, pero sin transigir.
Di tu verdad tranquila y claramente;
Y escucha a los demás,
incluso al torpe y al ignorante.
Ellos también tienen su historia.
Evita las personas ruidosas y agresivas,
pues son vejaciones para el espíritu.
Si te comparas con los demás,
puedes volverte vanidoso y amargado
porque siempre habrá personas más grandes o más pequeñas que tú.
Disfruta de tus logros, así como de tus planes.
Interésate en tu propia carrera,
por muy humilde que sea;
es un verdadero tesoro en las cambiantes visicitudes del tiempo.
Sé cauto en tus negocios,
porque el mundo está lleno de engaños.
Pero no por esto te ciegues a la virtud que puedas encontrar;
mucha gente lucha por altos ideales
y en todas partes la vida está llena de heroísmo.
Sé tu mismo.
Especialmente no finjas afectos.
Tampoco seas cínico respecto al amor,
porque frente a toda aridez y desencanto,
el amor es tan perenne como la hierba.
Acepta con cariño el consejo de los años,
renunciando con elegancia a las cosas de juventud.
Nutre la fuerza de tu espíritu para que te proteja en la inesperada desgracia,
pero no te angusties con fantasías.
Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad.
Más allá de una sana disciplina,
sé amable contigo mismo.
Eres una criatura del universo,
al igual que los árboles y las estrellas;
tienes derecho a estar aquí.
Y, te resulte o no evidente,
sin duda el universo se desenvuelve como debe.
Por lo tanto, mantente en paz con Dios,
de cualquier modo que Le concibas,
y cualesquiera sean tus trabajos y aspiraciones,
mantente en paz con tu alma
en la ruidosa confusión de la vida.
Aún con todas sus farsas, cargas y sueños rotos,
éste sigue siendo un hermoso mundo.
Ten cuidado y esfuérzate en ser feliz.

viernes, 16 de marzo de 2012

Vivan la vida, vivan el HOY!!

Un hombre se sentó en una estación de metro en Washington DC y comenzó a tocar el violín, era una fría mañana de enero. Interpretó seis piezas de Bach durante unos 45 minutos. Durante ese tiempo, ya que era hora pico, se calcula que 1.100 personas pasaron por la estación, la mayoría de ellos en su camino al trabajo.

Tres minutos pasaron, y un hombre de mediana edad de dio cuenta de que había un músico tocando. Disminuyó el paso y se detuvo por unos segundos, y luego se apresuró a cumplir con su horario.

Un minuto más tarde, el violinista recibió su primer dólar de propina: una mujer arrojó el dinero en la caja y sin parar, y siguió caminando.

Unos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escucharlo, pero el hombre miró su reloj y comenzó a caminar de nuevo. Es evidente que se le hizo tarde para el trabajo.

El que puso mayor atención fue un niño de 3 años. Su madre le apresuró, pero el chico se detuvo a mirar al violinista. Por último, la madre le empuja duro, y el niño siguió caminando, volviendo la cabeza todo el tiempo. Esta acción fue repetida por varios otros niños. Todos sus padres, sin excepción, los forzaron a seguir adelante.

En los 45 minutos que el músico tocó, sólo 6 personas se detuvieron y permanecieron por un tiempo. Alrededor del 20 le dieron dinero, pero siguió caminando a su ritmo normal. Se recaudó $ 32. Cuando terminó de tocar y el silencio se hizo cargo, nadie se dio cuenta. Nadie aplaudió, ni hubo ningún reconocimiento.

Nadie lo sabía, pero el violinista era Joshua Bell, uno de los músicos más talentosos del mundo. Él había interpretado sólo una de las piezas más complejas jamás escritas, en un violín por valor de 3,5 millones de dólares.

Dos días antes de su forma de tocar en el metro, Joshua Bell agotó en un teatro en Boston, donde los asientos tuvieron un promedio de $ 100.

Esta es una historia real. Joshua Bell tocando incógnito en la estación de metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de la gente. Las líneas generales fueron los siguientes: en un entorno común a una hora inapropiada: ¿Percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?

Una de las posibles conclusiones de esta experiencia podrían ser:

Si no tenemos un momento para detenerse y escuchar a uno de los mejores músicos del mundo tocando la mejor música jamás escrita, ¿cuántas otras cosas nos estamos perdiendo?
Por: Josh Nonnenmocher

Se atreven a compartir!

jueves, 15 de marzo de 2012

Soy Rico!


Vivo en un departamento alquilado. Hoy, mientras lo limpiaba, observé qué había mío dentro de él. Muchos libros, ropa y calzados, DVD´s, dos televisores, dos computadoras portátiles, una impresora y un PS3, dos valijas pequeñas de viajero, una cámara fotográfica, un bolso deportivo, dos celulares, una caja repleta de cables y cosas tecnológicas y otra caja con fotos, distinciones y recuerdos. Y pensé: "Salvo por dos cuadros con fotos personales, nadie podría adivinar que vivo aquí".
Tengo 53 años y he vivido en 8 países pasando los últimos 20 años fuera del mio. Recorrí buena parte del mundo gracias a mi actividad laboral. Nunca pensé en atesorar cosas materiales pero hoy me sentí "desmaterializado". Quizás esa ausencia de carga, es la que me permite estar más a atento a la vida, reírme de todo y de nada, mudarme en una hora, como mucho.
Esta noche, mientras cenaba y hablaba con dos de mis hijos, los miraba detenidamente... y pensé que ellos son mi cable a tierra. Mi equipaje, vaya donde vaya. No necesito nada material si estoy en paz con ellos y los veo felices.
Atesoro mil recuerdos en mi cabeza. Atesoro mil besos en mi boca. Atesoro mil abrazos en mis brazos. Atesoro mil caricias en mis manos. Atesoro mil paisajes en mis ojos. Atesoro un puñado de amigos y mi familia en mi corazón. Y allí en silencio, mientras miraba cuánto habían crecido, comprobé que soy inmensamente rico.